jueves, 22 de marzo de 2012

Práctica atención temprana 2


Debemos atender al desarrollo global del niño mediante un aprendizaje integrado, que puede ser expresivo, sensorial-psicomotor, intelectual-cognitivo y el social relacional. Con el sensorio-psicomotor se adquieren destrezas y cualidades motrices; con el social-relacional se adquieren comportamientos relacionales, adaptativos y de manejo; con el expresivo se adquiere la expresión de necesidades básicas; finalmente con el intelectual-cognitivo se adquieren los conocimientos de habilidades cognitivas. Las dimensiones son  la relación yo-yo que desarrolla la identidad personal; la relación yo-tú-yo-otros en la cual emergerá el sentimiento de seguridad, autoconcepto y autoestima; y la relación yo-medio que desarrolla el pensamiento, la motricidad y el lenguaje.
La seguridad y la confianza están ligadas a las primeras experiencias y en especial a la figura del apego.
Las personas tenemos unas necesidades básicas; la clasificación más famosa de habilidades se debe a Abraham Maslow: supervivencia, seguridad, relaciones sociales, estima y reconocimiento y autorrealización. Para Maslow cubrimos unas necesidades solo cuando nuestras necesidades básicas están cubiertas, estas lo hacen en forma de pirámide en donde las más importantes se sitúan en la base, comenzando con la supervivencia, después la seguridad, a continuación las relaciones  sociales, seguida por el estima y reconocimiento y terminando con la autorrealización. Esta pirámide ha recibido muchas críticas puesto que su relación no es constante ni universal, aun así esta clasificación es la más compartida y conocida sobre necesidades.
Así pues el desarrollo afectivo está ligado a: la discontinuidad en la atención, la asistencia parental inadecuada y poco diligente, condiciones inadecuadas y perturbadoras, desajuste y falta de adecuación en la conducta madre-hijo que afecta a la sintonía.
El estilo personal de enfrentamiento con lo que le rodea es un aprendizaje que se inicia desde el principio pues el niño es más paciente de sus emociones que protagonista consciente de ellas.

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